Ha dicho Cantinflas, el conocido cómico mexicano, y aún ha añadido, “y la segunda, hacer felices a los demás”. La gente se pregunta por qué no es feliz? qué deberá hacer para alcanzar ese estado de supremo contento, en que todo parece que cambia de color, sí como en las canciones, cuando estamos felices todo es para nosotros ya un cielo azul y limpido o un encantador mundo rosa…y bueno, la felicidad propia no es algo que debamos dejarle a los demás, no podemos poner en manos de alguien más el alcance de nuestra dicha…debemos, tenemos que trabajar por nosotros mismos para alcanzarla.
Y la felicidad ajena? podemos llevar sobre nuestras espaldas, el tratar de lograr la felicidad de alguien o algunos más? ciertamente que tampoco los demás deberían dejarnos tal encargo, entre la búsqueda de nuestra felicidad personal, seguro poco tiempo habrá para la de alguien más, ya luego todos nos tornaremos demasiado egoístas para procurar la felicidad de otro, mientras tenemos que empeñarnos en ser felices…y aún así…
Podemos conseguir nuestra felicidad, en el camino tortuoso de la vida, con sus alegrías y sus desdichas, con los obstáculos y los pequeños logros de cada día, encontraremos suficientes razones para ser felices, de eso no hay duda alguna y logicamente nuestra felicidad, como ocurre con todos los sentimientos influye en nuestro ánimo y ese ánimo? sin duda permite que podamos por nuestra condición de felicidad, hacer felices a los que nos rodean. Simple o no? cuantos no se sienten desdichados y entristecen a los demás? no podemos culparles, pero que pueden influir en quienes le importan, es muy cierto.
Busca tu felicidad, ve en pos de ella, y sin duda en el camino hacía allá donde equivocadamente pensamos, que un día estaremos en el goce de una inacabable felicidad, realmente la vida se vive como transcurre y transcurre ya les digo, con pequeños ratos que nos hacen felices, con personas que nos hacen felices y de ese modo sin duda contribuimos a la felicidad de alguien más…la felicidad está en el camino, y cuando eres feliz puedes hacer felices a los demás…no hay ese lugar donde llegaremos y estará la felicidad por siempre….después de todo quién viviría y disfrutaría la felicidad sin haber conocido la desdicha, suficiente para valorarla…sé feliz cada día es tu obligación, como decía el mexicano Cantinflas…y sin duda de ahí en nada será fácil sentir que puedes hacer feliz a alguien más.
Nathaniel Hawthorne sabía bien del puritanismo, como para trasladarnos a la Nueva Inglaterra del siglo XVII, aquella colonia ocupada por los recién llegados a Norteamérica, que se había construido sobre las creencias puritanas y que se había convertido en una sociedad hipócrita e injusta. Hawthorne procedía precisamente de una de esas familias de colonos, y tuvo por tanto una educación apegada a sus preceptos, su padre murió y la vida del autor no se hizo fácil, y aún así, su gran talento literario no tardaría en servirle de consuelo e inspirarle obras, que hoy han sido leídas por muchos.
Hawthorne nos presenta en “La letra escarlata” una historia de amor, que en la sociedad en que la ambienta, resulta un amor culpable y que cambiará la vida de todos los vecinos de lugar, un pueblo que entero se inmiscuye en la vida privada de una mujer, la acusa, la discrimina, y la condena. Hester es una mujer solitaria, cuyo marido ha marchado y cree muerto, su soledad y la infelicidad que la rodea, le hacen sentir apego por el reverendo Dimmensdale, y aunque por momentos se resiste, va cayendo en los brazos de una pasión que la conducirá por caminos de desilusión. Embarazada y sin marido…es victima del escrutinio y el rechazo, y como una criminal es juzgada, cuando se niega a delatar al padre de la hija que ha concebido, todo se complica con el regreso del marido.
Condenada a llevar la letra de adúltera en la ropa, como señalándola por siempre de su error, asume su destino con resignación. La historia no puede menos que conmovernos, por una injusticia, por aquel puritanismo, que se creía con derecho a la invasión de la intimidad de la gente y aún a juzgarlos y condenarlos. Alguien que podría resultar un héroe romántico, el reverendo Dimmensdale se convierte en la novela de Hawthorne, al menos para mí, en un hipócrita, que a sabiendas de su culpabilidad, teme perder el favor de la gente, y da la espalda a la mujer que ha embarazado y a la que ha dicho tantas veces que amaba.
Leerla es…casi obligado, si te gusta la buena literatura. Y por cierto esta novela fue llevada al cine, hace pocos años con Demy Moore como la pobre Hester Prynne, lo que siempre digo, las peliculas no hacen justicia al libro.